jueves, 19 de marzo de 2015

La Ciudad de los Césares o el reino de las confusiones



De la “Noticia de los Césares” a la “Ciudad de los Césares”

Los hombres de César buscaron la Ciudad encantada llamada por distintos nombres: Ciudad del Rey Blanco, Sierra del Plata, Ciudad del Oro, Trapalanda  y Lin Lin, entre sus denominaciones, quedó la de Ciudad de los Césares. Hoy los estudios de historia de la conquista dicen que el Valle de Calamuchita era considerado como uno de los posibles lugares donde residía un pueblo con fabulosas riquezas regido por un Rey Blanco de nombre Lin Lin.” / Fuente. Juan Chuit.


De Moussy, V. (1873) - Detalle
 Una ciudad supuesta que se reproduce como espejismos primero en la imaginación y luego en el espacio. En los primero años del siglo XVI el espacio de América es desconocido por lo que la imaginación es enorme.  
 Sin referencias certeras ni mapas posibles, la búsqueda se hace imprecisa y la ciudad de la que dijo haber visto Francisco César se convierte en algo móvil que cambia de lugar viajando desde el Perú hasta el estrecho de Magallanes y luego, llegando al extremo ya no hay más rincones donde buscar. A partir de ese momento ya no será una sino una multiplicación de ciudades míticas.
 También son variados los libros y estudios sobre éste tema presuntamente inacabado.

  Lo que sigue es un análisis sobre los posibles destinos de la expedición de Francisco César y las otras muchas que le siguieron hasta donde la historia cuenta. Una serie de conjeturas basadas en otras conjeturas que le permite a esta leyenda que por más de cinco siglos continúe viva en el imaginario colectivo.    
    

Un tiempo antes de los Césares

 En 1516 Juan Díaz de Solís había descubierto el Mar Dulce o Río de Solís o Río de la Plata. En 1518 Fernando de Magallanes le ofrece a Carlos I de España [1], que luego se pasaría a llamarse Carlos V, la posibilidad de encontrar un paso para llegar a las Isla Molucas o Islas de la Especiería, que de alguna manera era la propuesta que Cristóbal Colón había vendido a los reyes católicos. Así fue que cumpliendo con lo dicho en 1520 unió los dos océanos atravesado el estrecho que lleva su nombre y lo que sigue es un penoso viaje que completa Sebastián Elcano llegando a España en 1522.

 Ese mismo año el Sebastián Caboto también acude al rey con idéntica propuesta o sea llegar a las Islas Molucas atravesando el estrecho aunque todo indica que su interés estaba puesto en llegar solamente hasta el Gran Río donde, según comentarios de unos náufragos de la expedición de Solís, habitaba un Rey Blanco que dominaba una gran zona donde se encontraba una fabulosa Sierra de Plata. En resumen Caboto no tenía en sus planes cumplir su promesa sino ir por algo mucho más grande que, si lo hallaba, lo eximiría de futuros pleitos.

 Es posible, como dicen otros historiadores, que la noticia de las riquezas fabulosas la haya recibido ya en América con lo cual variaría apenas las intenciones del marino, sea como fuere, nunca llegó hasta el estrecho.

 Aparecen tres personajes en la historia que cambiarían el destino de la empresa de Caboto. Enrique Montes y Melchor Ramírez, ambos náufragos de la expedición de Solís son rescatados en Santa Catarina y según sus dichos “hay tanta plata y oro en el Río de Solís, que todos serán ricos.”

Ellos dieron aviso á Caboto de la presencia en aquel lugar de dos sobrevivientes de la armada de Juan Díaz de Solís. Al presentarse éstos al jefe de la expedición creyéronse obligados á ponderarle las decantadas riquezas del Rio de la Plata, pero no ya en la forma vaga de las noticias suministradas por Braga y Gómez Arbolancha, sino precisando de una manera clara todos aquellos datos que habían recogido en su desgraciado descubrimiento. Es indudablemente curioso el miraje de que padecieron los primeros viajeros que llegaron al Río de la Plata; ilusionados por los relatos, quizás interesados, de los primitivos habitantes de la comarca, crearon, allá en el centro de la región bañada por el Paraná, un verdadero El Dorado, suposición que perduró en las primeras épocas de la conquista, hasta que poco á poco la verdad desalentadora de la Pampa solitaria fué esfumando lentamente ese verdadero lenitivo que utilizaban aquellos admirables conquistadores para mitigar sus fatigas y pobrezas.
Los dos compañeros de Solís, Enrique Montes y Melchor Ramírez hablaron á Caboto no sólo del Río de la Plata, sino que le mencionaron por primera vez el nombre del caudaloso Paraná y el de otros afluentes que á él se reunían, los que tenían nacimiento en las montañas de su país del oro.” [2]

 Otro que aparecerá más adelante, que también formara parte de la misma expedición fue Francisco del Puerto o Francisco Fernández, grumete que mantuvieron cautivo los indios luego de atacar a Solís en 1516. A éste lo encontró - o buscó - Caboto luego de fundar el puerto de San Lázaro cerca de lo que luego fue Colonia de Sacramento. A partir de allí Del Puerto sirve como lenguaraz de la expedición.

 En Junio de 1527 establece el fuerte de Sancti Spiritus y en Diciembre comienza la búsqueda de la Sierra de la Plata. Sube por el Río Paraná llega hasta el Paraguay y sufre la pérdida de varios tripulantes fruto de una emboscada que hacen los indios de parcialidad guaraní cerca del río Pilcomayo a los que ayuda Francisco del Puerto.

 Según Toribio Medina: “(…) el 10 de abril de 1528, a la boca del Río Paraguay, Francisco del Puerto fue a hablar con los indígenas que invitaron a los españoles a un banquete al que acudieron entre 16 y 20 marineros, entre ellos el tesorero Núñez y el mismo Francisco. Pero era una emboscada sobre cuyas motivaciones hay dos versiones: la de Ramírez, que asegura fue a causa de que se hallaban temerosos de que los españoles fuesen a vengar la muerte de los compañeros de Díaz de Solís […] y la de Caboto, que la atribuía á venganza de Francisco del Puerto por el odio que había cobrado a Núñez después del desagrado que entre ellos medió. Esta última nos parece que es mucho más aceptable que la primera […] Según Caboto la invitación de los indios se verificó después que Francisco del Puerto estuvo con ellos […] y por fin porque Francisco del Puerto no regresó a bordo. Quedaría sólo por saber si a causa de haber perecido también, o si después de vengado ya, volvió a su antigua vida con los salvajes. Todo induce a creer que fue esto último lo que ocurrió.”

 En el camino de vuelta se encontró con las naves de Diego García de Moguer que también había venido a América luego de asegurar que iría a las Islas Molucas. Con dos naves y un bergantín se dirigió directamente al Río de la Plata con el sueño del oro en abundancia y sorprendido se encuentra con que alguien se había adelantado. Arriba al fuerte de Sancti Spiritu e intenta apoderarse de él pero fracasa, sube por el Paraná saliendo en busca de Caboto. Luego de disputas sobre derechos deciden emprender juntos la aventura.

 Ya con siete naves volvieron a subir hacia el Pilcomayo pero enterados de una sublevación aborigen decidieron volver a Sancti Spiritus al que encontraron destruido.

 Ambos, García de Moguer primero y Caboto después deciden regresar a España en 1530. Según De Gandia solo llevó una pequeña muestra de plata y a cinco indios, entre ellos a Curupao, Carapucá y Chocoví que luego fueron devueltos a su tierra ya convertidos al cristianismo, o por lo menos eso se dice.

 Caboto había engañado a la corona por lo que fue puesto prisionero un año juicio de por medio. El marino no podía explicar el motivo de su falta a menos que tuviera una buena historia que contar. De sus expediciones hacia el Paraguay no obtuvo más que hostilidades, tres náufragos y un fuerte carbonizado pero quizá aún pudiera enmendar la falta con otro relato fantástico y lo tenía.

Ribero, Diego (1529) - Sancti Spiritus
                                                                                   
Encuentro con los Césares

Expedición de Francisco de César (1528)

 Por ese tiempo los conocimientos de los navegantes y por consiguiente los mapas hacían referencia solo a las costas por lo que la expedición por tierra era una aventura hacia lo desconocido y además poco seguro en estas tierras sobre todo teniendo en cuenta lo que le ocurrió a Solís.

 Decidido a salir en busca de riquezas la atención de Caboto se centró entonces en erigir un establecimiento que sirviera de punto de partida para las expediciones río arriba. El lugar apropiado lo encontró a orillas del río Carcarañá en la confluencia con el Paraná. Un mes después, en Marzo de 1527, ya se habían levantado unas 20 casas y los asuntos en el incipiente poblado marchaban sin contratiempos. Los marinos ocupaban su tiempo en el cuidado de los cultivos y cuestiones domésticas. El 9 de junio en tiempo de Pascuas de Pentecostés quedaron concluidos los trabajos del fuerte dándole el nombre con que se lo recuerda: Sancti Spiritus.

 Antes que Caboto y García emprendieran su viaje hacia el Pilcomayo un hombre de probada confianza es enviado en una expedición terrestre en busca de los que hasta ahora muchos habían hablado pero nadie pudo hallar. El capitán de treinta años poseía varias cualidades para emprender éste periplo, entre ellas formar parte del círculo íntimo de Caboto y el de poseer un valor ya probado. Su nombre Francisco César.

La fecha de partida es aproximadamente en Noviembre de 1528. Respecto del número de expedicionarios no existen demasiados acuerdos. Ruy Díaz de Guzmán dice eran César y 4 más, Caboto afirmó en el interrogatorio que por todas serían obra de quince. Uno de los expedicionarios, Juan de Valdivieso respondió en el interrogatorio que habían sido 14. En ese mismo interrogatorio, Nicolao de Venecia afirmó que Caboto “dió licencia á ciertas personas repartidas por tres caminos, para que fuesen á descobrir las minas.” Lo que fue confirmado por Pedro de Morales diciendo que una columna tomó por los quirandíes, otra por los curacuraes y otra por el río del Curacuraz. Lo que significa que una columna fue hacia el suroeste en dirección de los querandíes, y las otras hacia el oeste siguiendo el río Carcarañá y la restante hacia la tierra de los carcarañáes. Nicolás de Nápoles respondió que César retornó con siete ó seis compañeros. Valdivieso respondió que César retornó al fuerte con obra de siete personas. Sobre el resto de los expedicionarios nada se encuentra en ninguna fuente, lo que ha dado a creer a algunos escritores que llegaron hasta el Perú. Pizarro lo hace recién en 1532.

 Atendiendo a los datos es posible que se haya tratado de 2 o 3 columnas y que César haya tomado el rumbo suroeste remontando el río Carcarañá, ya que según Francisco del Barco; “Este es el río que desciende de las sierras” y no mentía ya que este río – Tercero o Carcarañá - es el único que descarga sus aguas en el Paraná. El rumbo, si bien nunca lo haría llegar a la sierra de plata lo llevaría hacia otra tierra llena de riquezas en oro: la provincia de Conlara.

 Según las copiosas investigaciones de Aníbal Montes el reducido grupo comandado por César atraviesa las elevaciones del Oeste cordobés para internarse en el valle de Conlara. En su entrada llega a los dominios del cacique Yungulo – o su hijo – al cual no nombra en sus declaraciones hechas en Sevilla. Nicolao de Nápoles dice:

A la cuarenta é una pregunta dijo que este testigo sabe que después de llegado el Capitán General á la fortaleza, y el capitán Diego García, dentro de ciertos días que hobieron llegado á la fortaleza, vido este testigo venir al 'capitán César con siete ó seis personas de las que el Capitán General había dado licencia que fuesen á descubrir las minas é otras riquezas de la tierra adentro, todos ellos dijeron que habían visto grandes riquezas de oro é plata é piedras preciosas, é que de que esto supieron el capitán Sebastián Caboto y el capitán Diego García y los otros capitanes y oficiales de Su Majestad, acordaron de hacer una entrada á las dichas minas por la tierra adentro é dejar las naos é fortaleza á buen recabdo, é que este testigo vido todo lo susodicho al tiempo que vino el dicho Francisco César é las dichas seis ó siete personas, etc.[3]

 Como dice Anibal Montes en ningún momento César hace referencia a Yungulo “tan mentado en esa época en el Perú, en Chile y en Tucumán[4] sin embargo al relato se lo relaciona con el poderoso cacique que debería haber sido el padre del cacique Yungulo censado por los conquistadores. Éste último perdió la vida en el llamado “arroyo de la sepultura” cercano a la villa de Merlo, San Luis. 

Rui Díaz de Guzmán en su libro “La Argentina” escrito en 1612 dice:

En el capítulo sexto de este libro dije, cómo Sebastián Gaboto había despachado a descubrir las tierras australes y occidentales que por aquella parte pudiesen reconocer, según lo pareció al dictamen de su entendimiento y cosmografía, pareciéndole que por allí era el más fácil y breve camino para entrar al rico reino del Perú y sus confines, para lo cual dijimos haber enviado a César y sus compañeros. A este efecto, desde la fortaleza de Sancti Spiritu, de donde salieron a su jornada, se fueron por algunos pueblos de indios, y atravesando una cordillera que viene de la costa de la mar, y corriendo hacia el Poniente y Septentrión, se va a juntar con la general y alta cordillera del Perú y Chile, haciendo entre una y otra muy grandes y espaciosos valles poblados de muchos indios de varias naciones; y pasando de aquel cabo, corriendo su derrota por muchas poblaciones de indios que les agasajaron y dieron pasaje, continuando sus jornadas volvieron hacia el Sur, y entraron en una provincia de gran suma, y multitud de gente; muy rica de oro y plata, que tenían juntamente mucha cantidad de ganados y carneros de la tierra, de cuya lana fabricaban gran suma de ropa bien tejida. Estos naturales obedecían a un gran señor que los gobernaba, y teniendo por más seguro los españoles meterse debajo de su amparo, determinaron irse adonde él estaba, y llegados a su presencia, con reverencia y acatamiento le dieron su embajada, por el mejor modo que les fue posible, dándole satisfacción de su venida, y pidiéndole su amistad de parte de Su Majestad, que era un poderoso príncipe que tenía su reino y señorío de la otra parte del mar; no porque tenía necesidad de adquirir nuevas tierras y señoríos, ni otro interés alguno más que tenerle por amigo, y conservar su amistad, como lo hace con otros muchos príncipes y reyes, y celo de darle a conocer al verdadero Dios. En este particular fueron los españoles con gran recato por no caer en desgracia de aquel señor, el cual los recibió humanamente haciéndoles buen tratamiento, gustando mucho de su conversación y costumbres de los españoles; y allí estuvieron muchos días, hasta que César y sus compañeros le pidieron licencia para volverse, la cual este señor les concedió liberalmente dándoles muchas piezas de oro y plata, y cargándoles de cuanta ropa pudieron llevar, y juntamente les dio indios que los acompañasen y sirviesen; y atravesando toda aquella tierra, vinieron por su derrota hasta topar con la fortaleza de donde habían salido, la cual hallaron desierta y asolada, después del desdichado suceso de don Nuño de Lara, y de los demás que con 61 murieron. Lo cual visto por César tornó a dar vuelta con su compañía a esta provincia, de donde pasados algunos días determinaron salir de aquella tierra y pasar adelante, como lo hicieron por muchas regiones y comarcas de indios de lenguas diferentes, y también en costumbres; y subiendo una cordillera altísima y áspera, de la cual mirando el hemisferio vieron a una parte el mar del Norte, y a la otra el del Sur: aunque a esto no me he podido persuadir por la distancia que hay de un mar a otro; porque tomando por lo más estrecho, que esto podrá ser en el rincón del estrecho de Magallanes, hay, de la una boca de la parte del Norte a la otra del mar del Sur, más de cien leguas, por lo que entiendo fue engaño de unos grandes lagos que por noticia se sabe que caen de esta otra parte del Norte, que mirando de lo alto les pareció ser el mismo mar: de donde caminando por la costa del Sur muchas leguas, salieron hacia Atacama, tierra de los Olipes, y dejando a mano derecha los Charcas fueron en demanda del Cuzco, y entraron en aquel reino al tiempo que Francisco Pizarro acababa de prender a Atahualpa, Inga en los Tambos de Cajamarca, como consta de su historia. De forma que con este suceso, atravesó este César toda esta tierra, de cuyo nombre comúnmente le llaman la conquista de los Césares, según me certificó el capitán Gonzalo Sáenz Garzón, vecino de Tucumán, conquistador antiguo del Perú, el cual me dijo haber conocido y comunicado a este César en la ciudad de los Reyes, de quien tomó la relación y discurso que en este capítulo he referido.”

La cita tiene algunas inexactitudes tales como que César encuentra Sancti Spiritus incendiado y regresa a Conlara para luego partir con rumbo al Perú y encontrarse con Pizarro hacia 1532 aproximadamente tres años después de iniciado el viaje. Se sabe que César regresa con Caboto y presta declaración en Sevilla hacia 1530. “César pasó a Venezuela en 1532 con Pedro Heredia, en cuya compañía militó allí hasta que fue preso Heredia por el licenciado Vadillo. Entonces César acompañó a éste jefe, como su teniente, para ir en busca del Darien, en cuya jornada pereció a fines de junio de 1538.” [5]

 Si resultan verdaderas las suposiciones que fueron tres las columnas que buscaron la Sierra de Plata por tierra y que una de ellas avanzó con rumbo NO puede ser factible que nunca retornaran para quedarse en tierra Inca. De la otra que se internó hacia el S en tierra de querandíes tampoco se volvió a tener noticias o por lo menos no se refieren en la historia.

Es indudable que deben haber seguido el camino al oeste, porque en ninguna otra dirección pudieron ponerse en contacto con un pueblo que tuviera conocimientos de la metalurgia, mientras que en la vecindad de la Sierra de Córdoba existían tribus que habían recibido influencias de la cultura de 1os Incas, únicos que pudieron tener objetos de plata y oro. Por estos motivos, parece seguro que la región visitada por el capitán Francisco César y sus compañeros en 1529 no fué otra que la de la Sierra de Córdoba.” [6]


El final de la expedición de Caboto

 Francisco César regresa con siete hombres y su noticia en Febrero de 1929 una semana después que Caboto y García del Nodal volvieran de su segunda expedición por el río Paraná. Los vínculos con las parcialidades aborígenes, al principio amistosa y de cooperación, había sufrido algunos cambios y éstos se preparaban para asaltar la pequeña fortaleza.

 La noticia que trae César confirma las sospechas de la existencia de riquísimas minas de oro tierra adentro por lo que Caboto comienza a planificar la entrada hacia tierra de los Comechingones no sin antes dar un escarmiento a las tribus guaraníes matando a muchos habitantes de las islas cercanas.
 Luego de algunas idas con vueltas, matanzas y  escaramuzas los aborígenes incendian Sancti Spiritus.
 Caboto regresa a España para enfrentarse a un juicio.

“(…) Y hubo un intercambio de regalos entre los Comechingones y los soldados españoles. Yungulo, el rey o curaca del lugar, obsequió al capitán Francisco César un berilo de gran tamaño, labrado en forma de media luna. El oficial español guardó el presente y cuando años más tarde se vió en apuros económicos, vendió la esmeralda a muy buen dinero – sin llegar a saber, a ciencia cierta, su real valor – y con esa venta que daba un presunto testimonio de donde hubo una podía haber más, vendió la quimera de la Ciudad de los Césares, que antes de desaparecer, según los cálculos de la gente que compró la fantasía, estaba enclavada en lo que actualmente es la Villa de Merlo. (…).” [7]



Comienza la búsqueda


Expedición de Diego de Almagro. (1535) / La confusión de los Césares con todo poblado Inca.

 Luego de algunas desinteligencias con Francisco Pizarro, Diego de Almagro emprende su marcha rumbo al sur con unos 500 hombres utilizando el camino del Inca para tomar posesión de la gobernación de la llamada Nueva Toledo que era territorio inexplorado. Aun hoy el derrotero del viaje es en gran parte una incógnita pero es posible que haya cruzado la cordillera por el hoy conocido con el nombre de paso Comecaballos, quizá. De todas formas el conquistador español nunca toma contacto con los supuestos Césares pero lo que si parece obtener son noticias de su existencia.
 Almagro lleva en su viaje a dos emisarios provistos por el Inca, a Paullu Topa y a Villac Umu que luego conspirarían en contra de los españoles.
 Varias referencias históricas indican que entra por las que hoy son las provincias de Jujuy, Salta y Tucumán y que luego se dirigiría a Santiago del Estero. Allí habría tenido un encuentro con mitimaes incas a los que habría dado muerte.
 Por lo improbable de la ruta, ya bastante alejada de su objetivo, hoy se cree que su camino pudo haber sido siguiendo los caminos principales del Collasuyu. O sea ingresando brevemente por Tucumán (Tambos de la Ciénaga), atravesando Catamarca y entrando a Chile por el Paso Comecaballos en La Rioja.
 Sin deslindar la brutalidad de los españoles sobre los nativos lo verdaderamente interesante de este viaje a los fines que nos ocupan es la declaración de Blas Ponce [8] en 1589.

 Este español que participó de la conquista de Londres (Catamarca) en 1553, asegura ante el gobernador de Santiago del Estero, Ramírez de Velasco que luego de la matanza que hiciera Almagro en su paso por Santiago del Estero [9] los que pudieron huir lo hicieron hacia la cordillera.

Un indio viejo le contó que:
Si quereis riqueza oro y plata y obejas de la tierra y mucha gente, valla que camino hallareis hasta un balle que se llama Diamante de alli han borrado y desecho el camino porque no bayan los cristianos por ellos siempre cerca de la cordillera. Que topareis mucha gente poblada naturales de la tierra y ellos os daran noticias y enseñaran alla, que yo estuve siendo más mozo allá que fuy con los yngas cuando huyeron llebando sus obexas y hato cargado y estuve allí tres o cuatro años donde vide que se servían con plata y oro todo en los basos en que comian y bebian y traje de allá algunos mates que me dió, el cacique que me llebó y un cacique deste valle quese dice pilola… (…).” [10]

 En esta parte del relato está haciendo referencia a un sitio en la Provincia de Mendoza en las cuales los Incas tenían tambos.

“… además de lo dicho tiene este testigo estuvo en el piru en potosi abra veinte años poco mas o menos y hablando con un soldado que se llamaba pedro clavijo que fué uno de los soldados que entraron en esta gobernación de tucuman con el capitan diego de rroxas que fué el primer descubridor destas provincias el cual salió del piru con yntento de hazer el dicho descubrimiento por la gran noticia de la mucha gente de naturales y riquezas que avia en la dicha jornada de los césares que descubrió el dicho soldado cesar a donde tenia asi mismo noticia el dicho diego de rrojas que avia los dichos españoles perdidos que estavan alli poblados y que el dicho diego de rroxas avia enbiado gente a descubrir la dicha jornada y tan a mientras le mataron los dichos naturales y se desbarataron sus soldados y capitanes y se bolvieron al piru y no ubo effecto y que el dicho pedro clavijo afirmava a este testigo que hera muy cierta y berdadera la dicha jornada y gran número de gente y rriqueza que avia en ella porque se lo avia dicho a él en secreto y puridad un fulano quiteria, vizcaino, que hera uno de los soldados que llebó consigo el César quando la descubrió por cuyo rrespeto avia benido con el dicho diego de rrojas el dicho pedro clavijo a1 dicho descubrimiento y para ello se avia movido mucha gente vesinos e hombres muy rricos del piru y que les avia certificado el quitena que estando en la dicha jornada una yndia le avia dicho en lengua del piru como más adelante la tierra adentro hazia la cordillera de Chille avia muchos como ellos poblados y que tenfan paz con sus caciques aunque antes avian tenido mucha guerra y que asi mismo estava certificado de una yndia del piru madre de una hija suya el dicho Clavijo de que era berdad lo de la rriqueza y gente del piru questava poblada en la dicha jornada de los césares de yngas del piru porque yendo esta dicha yndia con el capitan saucedo su amo a Chille con don Diego de almagro el cual llebaba consigo a pablo ynga que era entonces el señor del piru preso para que le enseñara el camino e rriqueza de Chille treynta leguas de la cordillera de Chille en un balle que llaman quiriquiri donde el dicho ynga tenia sus capitanes y poblado más de veinte mill yngas mitimaes los quales como bieron su señor

 En la expedición de Diego de Almagro no se hace referencia a la noticia de César y los datos que luego se aportaron versaban sobre posibles ciudadelas Incas diseminadas a lo largo de la cordillera en los confines del Collasuyu. Estos datos tenían un sentido ya que los que aportaban aquellos estaba en la suposición que Almagro y los que continuaron buscaban riquezas Incas y no precisamente un poblado específico como lo era el del cacique Yungulo y es aquí donde comienza a trasladarse en el mapa la fantástica ciudad y se transforma en leyenda.
  
“En la misma declaración de Blas Ponce, que hemos citado ya, refiere que el Capitán Gregorio de Castañeda, estando en Santiago del Estero “tuvo noticias de un indio que se llamava Joffre que avia venido del rrio de la Plata, de un pueblo que se llamava Circonday... , y entre la noticias que dicho yndio le dió... que años antes que no se acordava él quantos, más su padre se lo avia contado estado en su pueblo de Corona poblado un capitán llamado Sebastián Caboto el qual avia hecho un fuerte donde se recogía él y su gente y que este capitán avia otro enviado gente la tierra adentro hazia buenos Ayres el qual llamavan fulano César y que éste avia ydo tierra adentro a descubrir y ber lo que avia en ellay avia hallado grandes poblaciones de naturales de gente bestida, con mucho ganado de la tierra e muy rica que poseyan muchos basos y joyas de plata y oro y esmeraldas y que este capitan César avia tornado al dicho fuerte y a sus compañeros con la dicha nueba, los quales se avian embarcado todos juntos e ydo la buelto del rrio abajo que no savia donde se avran ydo y que pocos dias que avian dicho que era yndio destima, principal del dicho rrio de la Plata, como hazia parte de donde avía ido el dicho César a descubrir que era hazia las cordilleras de Chile.”.” [11]

 Si bien éste relato corrobora en parte a la historia y hace un aporte extraordinario al sugerir que se concretó  una segunda expedición aunque no coincida en el tiempo, muestra muchas anomalías geográficas sobre todo en lo referente a que César viaja inicialmente hacia el sur, hacia Buenos Ayres que obviamente aún no había sido establecida. Se sabe que Caboto estaba organizando el viaje por tierra cuando sobrevino el ataque a Sancti Spiritus.

Según Aníbal Montes, arqueólogo e historiador, allá por los años 1529 a 1573 sostiene que existieron circunstancias que hicieron circular los habitantes del valle del Conlara y los de la región de Chocancharaba que ya sabemos quería decir (cacique Chocán), en que nuestros primeros habitantes mandaron en forma muy diplomática a los fastidiosos españoles "más al sur, siempre más al sur", para sacárselos de encima. Tanto Chocán como Yungulo, el cacique del valle del Conlara fueron los primeros en advertir las intenciones de los indeseados visitantes. Así que optaron por dar respuestas muy astutas ante la insistencia en preguntar dónde estaba el oro, respondieron - ¿Oro? - Sí, pero más al sur. Se largaron hasta la Patagonia y pasaron a Chile con el mismo cuento. Por estos datos las ciudades se buscaron durante siglos en pos de la riqueza rápida y fácil.
Tantos fueron los buscadores de la mítica Trapalanda o la Ciudad de los Césares o el país de Lin-Lin (otro cacique) con resultados negativos, que si bien no dieron ni con una mísera pepita de oro, se conocieron caminos, se confeccionaron mapas, se levantaron pueblos.”


Expedición de Gutierre Vargas de Carbajal (1539) / El origen de los Césares de la Patagonia.

En 1539, don Gutierre Vargas de Carvajal, obispo de Placencia, organizó una flota compuesta de cuatro barcos con destino a las Molucas. En la zona del Estrecho los barcos sufrieron serios percances. El 22 de enero de 1540 encalló la nave capitana, lográndose salvar su capitán Frey Francisco de la Rivera y ciento cincuenta hombres, entre los que se encontraba Sebastián de Argüello, cuyo nombre se relacionaría más adelante con las vicisitudes de las exploraciones.
La suerte tampoco amparó a los otros navíos; uno regresó a España, otro llegó a1 Perú y el cuarto posiblemente se hundió.
De los náufragos circularon abundantes rumores: la versión más repetida decía que se habían internado por la zona cordillerana hasta llegar a una gran laguna y que luego de tener serios encuentros con los naturales habían concluido por mezclarse con ellos. Estas noticias quedaron confirmadas cuando en 1563 se recibieron los primeros testimonios con visos de verdad relacionados con ellos. Llegaron ese año a Concepción dos individuos que afirmaron ser tripulantes del barco perdido en el Estrecho. Estos hombres, Pedro de Obiedo y Antonio de Cobos, declararon delante del Teniente General del Reino de Chile, licenciado Julián Gutiérrez de Altamirano, que pertenecían a la dotación del capitán Sebastián de Argüello, que con un grupo de hombres se habían instalado en la zona austral. Dieron también le de la existencia del inca y sus tesoros. Noticias ratificadas por Blas Ponce, quien además introduce un nuevo personaje, un francés llamado fulano de Ibaceta, que se prestó a nuevas conjeturas.” [12]

La armada del Obispo de Plasencia no tenía ninguna relación con la búsqueda de la búsqueda de los césares. Las desventuras sufridas y los que tuvieron que hacer tierra en la Patagonia los vincula con los Césares pero de manera absolutamente fortuita. El único punto de unión es el misterio y lo incógnito de la tierra que debieron atravesar.
 En muchos de los antiguos mapas donde se muestra la Patagonia se puede ver la leyenda: Aquí se perdió Argüello.

 Es difícil pero posible que en su periplo se hayan cruzado con algún tambo incaico aunque se considera que nunca se extendieron mas al sur de Mendoza o Santiago de Chile.

 El que hace su aparición es el mentado Blas Ponce pero su testimonio aparecerá luego de la primera expedición en busca de los Césares por parte de Diego de Rojas.  


Herrera y Tordecillas, Antonio (1728) - Aquí se perdió Argüello

(a) Esta es la versión de Antonio de Herrera y Tordesillas con algunas diferencias con el original de Alonso De Ovalle de 1646 .

Expedición de Diego de Rojas (1543 - 1544) – En busca de los Césares.

 En 1536 diego de Rojas se encontraba en el Perú a las órdenes de francisco Pizarro en los años en que llegan las noticias del descubrimiento de Francisco César. Si bien los saqueos en la tierra de los incas eran considerables la posibilidad que hacia el sur se encuentren las mismas cantidad de riquezas era algo que un conquistador no podía dejar pasar.
 Cristóbal Vaca de Castro, el entonces gobernador del Perú le otorga el permiso de ingresar a la zona que se conocía con el nombre de Tucmao.
 Junto a Nicolás Heredia y Felipe Gutiérrez y Toledo comienza la expedición en busca de los Césares.     

 En 1543 partió Rojas desde Cuzco, Perú; luego debía seguirle Gutiérrez y más tarde Heredia, con cien hombres más entre los dos. En la empresa iban dos sacerdotes, Francisco Galán y Juan Cedrón, y algunas mujeres españolas, entre ellas Catalina de Enciso, mujer de Gutiérrez. Siguiendo el denominado camino del inca ingresó al actual territorio argentino y llegó a Chicoana, en los Valles Calchaquíes (actual provincia de Salta). Luego reinició la marcha con dirección sudeste, ante el ataque de los nativos que frente a la superioridad del enemigo, y sobre la base del conocimiento de la tierra y la naturaleza, se escondían en lo alto de las montañas y en los bosques intrincados, desde donde los atacaban con piedras y flechas. Un mes más tarde, tras descender las sierras del Aconquija, por una quebrada que era camino natural entre las cumbres y la llanura, arribó al sur de la actual provincia de Tucumán,  pasados los Andes.
Rojas, al que se le había reunido Gutiérrez, prosiguió hacia el sudeste. La marcha se hacía cada vez más sacrificada por el hambre, la sed, los tremendos calores y la hostilidad de los indígenas. Andaban y andaban y los indicios de riquezas no aparecían. El desánimo comenzó a cundir y también la difamación y la intriga para crear resentimiento entre los dos capitanes.

 Tras continuos enfrentamientos con los aborígenes, penetró en territorio santiagueño por las sierras de Guasayayán. El cronista Cieza de León describe la zona como muy calurosa, con un calor abrasador, por donde cruzaron escasos de agua, por lo que algunos españoles murieron por esta causa. Los pobladores, conocidos genéricamente como juríes eran altos, delgados, sedentarios, y se dedicaban a la agricultura, especialmente al cultivo del maíz. En la zona de Maquixasta (Maquijata) -actual departamento Choya-, en 1544, en un enfrentamiento con los tonocotés, Diego de Rojas fue herido en una pierna con una flecha, probablemente envenenada, y, luego de una larga agonía, finalmente murió. Durante su enfermedad fue atendido por Catalina de Enciso, mujer de Gutiérrez, a quien se acusó de envenenar al jefe de la expedición para que su compañero asumiera el mando. Antes de morir, Diego de Rojas, creyendo los rumores que circulaban en el campamento sobre el supuesto envenenamiento por parte de la Enciso, designó jefe a Francisco de Mendoza y envió a Gutiérrez y Enciso de regreso al Perú.


Expedición de Francisco de Mendoza (1545 – 1546) – La continuidad.


Mendoza, al tiempo que los  desterraba, continuó viaje rumbo al este, hacia Soconcho y a orillas del río Dulce estableció el fuerte de Medellín, en 1544, primer poblado español con cabildo, autoridades y unos 180 habitantes. La zona estaba poblada por los sanavirones que cultivaban maíz, algarroba y mistol y criaban las denominadas ovejas de la tierra (llamas).

 No bien subordinó bajo su mando a Nicolás de Heredia, que recién llegaba del Perú tras una penosa travesía, siguió por el país de los diaguitas, recorriendo las actuales provincias de Catamarca, La Rioja y norte de San Juan, hasta entrar en Córdoba por el valle de Calamuchita, en 1545, poblado por los  comechingones, nativos también sedentarios, altos y con barba. Atravesaron zonas cenagosas y salitrales, enfrentándose permanentemente con los nativos, quienes les mataron gran número de caballos. Allí levantó el fuerte de Malaventura, denominado así por las penurias que sufrieron los conquistadores, ante el ataque permanente de los pueblos originarios. Ocultos en los árboles vigilaban al acecho, atacaban de noche o en pequeños grupos.

No habiendo dado con los Césares Mendoza tuerce el rumbo y se dirige al origen: Sancti Spiritu

 El real quedó a cargo de Heredia y Mendoza continuó rumbo al Paraná, hasta el lugar donde Sebastián Gavoto, entrando por el río de la Plata,  había levantado el fuerte de Sancti Espíritus. Luego de tres meses de difícil travesía regresó, pero al poco tiempo murió Mendoza asesinado, como consecuencia de una conjura. Heredia, al mando de la expedición, regresó al Perú en 1546, pasando por el actual territorio de Santiago del Estero, por la zona saladina, en donde encontraron “maíz y mucho pescado”.”

 Allí se produce un interesante encuentro con, por lo menos, un nativo que le habla en español acusándolo de ladrón y asesino.


Francisco de Villagra (1551) – La fundación de Mendoza y la búsqueda de los Césares.

En 1551, Francisco de Villagra, a su vuelta del Perú con socorros para Pedro de Valdivia, tuvo que invernar en el valle de Guantata o Cuyo, donde algunos años después se fundó la ciudad de Mendoza. Durante su estada en este lugar envió dos expediciones a explorar el país, una al este, a la provincia de Conlara y otra hacia el sur, en busca de lo de César. La última lleg6 hasta el río Diamante. No logró el resultado apetecido, pero en ella los expedicionarios recibieron las primeras noticias de los españoles que vagaban por la Patagonia.” [13]


Expedición de Juan Jufré (1562) – De paso a las fundaciones.

 Juan Jufré tampoco salió en busca de los Césares.
 Tras la muerte de Pedro de Valdivia asume su cargo de Gobernador de Cuyo (1561) lo lleva a trasladarse a la recientemente fundada Mendoza que durante más de 200 años formaba parte de la Capitanía General de Chile. Luego de un tiempo inicia un viaje hacia San Luis, la provincia de Conlara donde se contacta con las poblaciones aborígenes que vivían allí.

Luego regresa y en 1562 funda San Juan de la Frontera la hoy capital de la Provincia de San Juan.



Expedición de Hernán Mejía de Miraval (1573) – Primera expedición enviada por Jerónimo Luis de Cabrera.

A Hernán Mejía de Miraval se lo recuerda por varias expediciones y entre ellas la realizada al Chaco Austral en busca del mítico Mesón de Fierro.

Se saben que el dicho capitán Hernán Mejía Mirabal, vuelto que fué el dicho gobernador Don Jerónimo á la ciudad de Córdoba, llego le envió con cincuenta hombres de guerra y trescientos caballos á descubrir hacia la noticia que llaman de César, donde fué con los dichos cincuenta hombres por capitán, y descubrió mucha tierra é naturales, y los empadronó para que fuese hecho el repartimiento en los españoles para el sustento de la dicha ciudad, en todo lo cual sirvió mucho á Su Majestad, como tal capitán, en lo cual gastó mucha suma de pesos de oro, en armas y caballos y herraje y otros peltrechos de guerra, y en carretas, do llevó mucha comida y bastimentos de biscocho, miel y tocinos y ganados, en todo lo cual que le fué encargado en la conquista y allanamiento de la dicha ciudad de Córdoba, dio de todo muy buena cuenta, sin que le matasen ni hiriesen ningún español; digan lo que saben.” [14]

Miraval luego de volver de una expedición al Río de la Plata (donde se encuentra con Juan de Garay que bajaba desde Asunción) comienza una expedición encomendada por Luis de Cabrera y entra en contacto con los comechingones del Valle de Conlara.

Cuando don Jerónimo Luis de Cabrera fundó la ciudad de Córdoba en el año de 1573, en el mes de Octubre de ese mismo año, despachó una bien pertrechada expedición, que hasta llevó numerosas carretas de bueyes, con la misión de recorrer todos los valles longitudinales del Oeste de las Sierras Grandes, e incluso el gran valle de Concarán (Conlara), debiendo despuntar por el sur la sierra de Calamuchita.
 Dicha pesada columna hizo el recorrido en pocas semanas, gracias á la existencia de los excelentes caminos de los indígenas, caminos por ellos construidos para la utilización comercial de sus tropillas de llamas cargueras. [15]

 De ésta expedición se concluye que los caciques e indios fueron repartidos en encomiendas entre los capitanes. Luego hubo una rebelión que fue reprimida por el mismo Miraval.
 Pero tampoco se habla en esta expedición del cacique Yungulo que reaparecerá en 1598 como parcialidad del gran cacique Caminta naure o Canta naure.

Y aquí está el verdadero misterio de Yungulo, develado a los 70 años del conocimiento de César, porque en el año 1598 ya no existía interés en el ocultamiento, dado que ningún indio quedaba en la comarca, pues todos ellos habían sido “maloqueados” y llevados a lejanas tierras, donde se extinguían agobiados por los duros trabajos impuestos por los conquistadores.
Caminta naure ó Canta naure, son patronímicos que constituyen una verdadera revelación.
“Naure” significa cacique en los pueblos de esta extensa comarca.
“Caminta” significaba vallecito y “canta” significaba “represas” indias tan utilizadas por los comechingones aunque tuvieran un río vecino. (…).” [16]
.   
 Entonces, supone Montes, que Caminta naure es el propio Yungulo al que se le cambia el nombre por el topónimo del lugar. “De manera que el ocultamiento por los indígenas del apelativo del gran cacique y la no mención de sus tan importantes minas de oro (Hoy llamadas de La Carolina) hicieron posible la desorientación de los españoles de fines del Siglo XVI, que tan afanosamente los buscaban. Así nos explicamos que tanto el general Juffré en el año 1562, como el capitán Mejía Miraval en 1573, estuvieron en el mismo vallecito de Conlara y no descubrieran, ni la identidad del famoso Yungulo ó su heredero, ni las tan codiciadas minas de oro.” 


Expedición de Gonzalo Abreu y Figueroa (1579) – Tras la noticia de César descubre Trapalanda.

Otro de los nombres sinónimo de “los Césares” o “Yungulo” es “Trapalanda” y comienza la búsqueda a derivar hacia el sur.

Poco tiempo después de Miraval, el gobernador de Tucumán Gonzalo Abreu y Figueroa sale en busca de los Césares de Yungulo.

Pasa por Calamuchita rumbo al sur donde descubre para los españoles los ríos Soco Soco (Río IV) y el Popopis (Río V) entrando en las pampas salitrosas del sur de Córdoba.

“(…) Tratando de explicar el origen del vocablo Trapalanda el historiador Enrique de Gandia lo asoció con la naturaleza del terreno que era característico de la región. A raíz de tal relacionamiento dedujo que la palabra se deriva de los riesgos que corrían quienes debían transitar por ella debido a las trampas, trapales o trampales, que no eran otra cosa que tremedales o ciénagas en las que podían perecer jinetes y bestias.[17]

[…]La Trapalanda era, por lo tanto, la tierra de las trampas, trápalas o trampales.[18] Esta explicación tiene asidero si se busca la raíz del vocablo en el idioma español pero en voz araucana parece significar tanto barrial como totora. Francisco Latzina le atribuye éste último significado y entonces Trapalanda sería tierra del trapal o totora.
           
Cerrando esta cuestión encontramos en el sur de Mendoza al Cerro Trapal, considerándose este muy sugestivo.

Luego, a partir del mapa de Hubert Jaillot de 1650 a la zona central la denomina “Trapalanda o de la Sal”. Emanuel Bowen en 1747 le da el nombre “Trapalanda” a la zona entre los ríos cuarto y quinto.

Acarete du Biscay (1698) - Trapalanda
                                                                                                                                                             
Mejía Miraval y Juan Ramírez de Velazco – Talan y Curaca.

El capitán Hernán Mejía Miraval, maestro de campo y teniente general de las provincias de Tucumán, vecino de la ciudad de Santiago del Estero délas dichas provincias en las Indias del Mar Océano, dice: que él tiene noticia que habrá setenta años, poco más ó menos tiempo, que la Majestad del Emperador Don Carlos, que está en el cielo, dio licencia á don Gutieire de Carvajal, obispo que fué de Placencia, para que enviase una armada de navios y gente de guerra y guarnición por el Estrecho de Magallanes al rescate y aprovechamiento de los Malucos, y que de la que se hizo se perdieron tres navios en la distancia que hay desde la boca del Río de la Plata hasta el Estrecho, de los cuales se salvaron al pie de mil hombres y algunas mujeres y jumentos que la gente llevaba para la poblazón, y que la gente que allí quedó, viéndose faltos de mujeres, las tomaron y quitaron á los indios comarcanos á la costa, donde aportaron con sus navios al tiempo que se perdieron, y de esta gente española ha procedido generación que se entiende ser mucho número, y algunos indios naturales de la ciudad de Córdoba de la dicha provincia, refieren haberlos visto y que venían con ejército formado á la dicha gobernación, antes que se poblase por Vuestra Majestad, en busca de cristianos de que tenían noticia. Dicen andan vestidos de pellejos, traen animales que tienen orejas largas, muy grandes, en que cargan sus hatos y comidas; y otros refieren que traen cruces consigo, y que las tienen en su tierra, en que adoran; dicen traen espadas de hierro, negras, sin vainas; y que entienden son de casta de españoles, y que habían probado á salir á aquella parte donde al presente está poblada la ciudad de Córdoba, que es lo postrero de dicha gobernación hacia el Estrecho, y que por ir cansados y por las guerras de los naturales y falta de bastimentos y haber topado grandes lagunas de agua, que deben ser bahías ó puertos de mar, no han proseguido su camino, dejando puestas por señal cruces en la última parte donde habían llegado, y que también procuraron pasar á Chile por las espaldas del estado de Arauco, y por la guerra de los naturales se volvieron á sus estancias y propios asientos; ansimesmo dicen, que en distancia de setenta ó ochenta leguas de la dicha ciudad de Córdoba hacia el Estrecho de Magallanes, comienza una provincia de indios, que se llama el valle de Talanicuraca, en que se entiende que hay indios pulíticos, bien vestidos y bien tratados, belicosos en guerra; cuyo asiento y tierra es abundante de oro y plata y otras cosas ricas, y tienen mucho género de ganado, como ambas á dos cosas constará á Vuestra Majestad por estas informaciones que el Gobernador de las dichas provincias de Tucumán hizo y envía á V. M.” [19]

Este escrito que lleva como título “Servicios del capitán Hernán Mejía Miraval, en cuyo expediente figura la información levantada para averiguar qué indios eran los que vivían en el valle de Talanicuracá.” Fechado el 17 de Agosto de 1591 es una manifestación del capitán sobre los rumores de la existencia de una población denominada Talanicuracá referida por los náufragos de la armada de Gutierre de Carvajal distante setenta u ochenta leguas al sur de Córdoba.

 Pero esto no es todo en referencia a esa supuesta ciudad.

En la muy noble ciudad de Santiago del Estero, cabeza de esta gobernación de Tucumán, en diez y ocho días del mes de febrero de mil y quinientos y ochenta y siete años, el muy ilustre señor Juan Ramírez de Velasco, gobernador, capitán general y justicia mayor en estas provincias de Tucumán, Juries y Diaguitas y Comechingones y de todo lo demás desde la Cordillera de Chile hasta el Río de la Plata, por Su Majestad, etc., dijo: que, por cuanto á su noticia es venido que, distancia de setenta ó ochenta leguas de la ciudad de Córdoba de esta gobernación, está una provincia de indios que se llama el valle de Talanicuraca, en que se dice hay mucha cantidad de indios vestidos y bien tratados y que tienen y poseen oro y plata y otras muchas cosas y ganados; y para que Su Majestad Real sea informado de ello, mando se reciba información de testigos para averiguar qué cosa es, y de ello mando que los testigos que se recibieren, juren y declaren por lo de suso contenido; y así lo proveyó y mandó y firmó de su nombre.” [20]

Pero en citas siguientes se comprende que Talan y Curaca son dos poblaciones.



Expedición de Lorenzo Bernal Mercado (1583)

 El gobernador de Chile, Don Alonso Sotomayor le ordena al capitán Lorenzo Bernal de Mercado una expedición en busca de minas de oro del otro lado de la cordillera, en territorio puelche, y que se suponía podían tener relación con los Césares.
 La frustrada empresa se encuentra con una sublevación araucana en pie de guerra y que luego alcanzaría la derrota y la pérdida del sur de Chile para los españoles.
 Más allá de las consecuencias que trajo ésta guerra dio origen al la leyenda de los Césares de Osorno.



Los Césares de Osorno

La ciudad de Osorno se funda en 1558 pero es destruida durante la gran rebelión mapuche en 1598.

La leyenda había ensanchado sus límites. Empeñada en poblar los desiertos patagónicos con una ciudad encantada de españoles perdidos en sus atrevidas peregrinaciones, y en vista que los náufragos del Estrecho no parecían por esta parte, los trasladó a la región entre Nahuelhuapi y Mendoza, asociados á los antiguos colonos de Villarrica y Osorno que, huyendo de la invasión india, fueron a asilarse las pampas del Este. (…)
Pedro Usauro Martinez de Bernabe, vecino de Valdivia, escribiendo en 1782 sobre el caso, asevera que, según la tradición, una parte de los vecinos de Osorno se salvo en Chiloé y otra se retiro á la cordillera, donde se fortificaron e hicieron fundación.
La circunstancia de no repoblarse la primitiva Osorno hasta 1790, casi un siglo después de su destrucción, pudo contribuir a idealizar la retirada de los antiguos osorneses, convirtiéndolos en héroes legendarios, como una expansión de la fantasía popular que poblaba de maravillas las soledades patagónicas. Así, el éxodo de los españoles de Osorno, que fundan nuevo imperio entre los salvajes de Patagonia, forma el argumento de los Césares osorneses, distintos pero similares a los Césares del Estrecho.” [21]



Expedición de Hernando Arias de Saavedra. (1604) – Por la Provincia de Buenos Aires.

La entrada se componía de 130 hombres criollos y españoles de Santa Fe, Corrientes, Asunción y Buenos Aires, 700 indios amigos, 600 bueyes con 76 carretas y 600 caballos iniciando la marcha en noviembre de 1604. En su avance hacia el sur descubrieron primero un río al que denominaron Turbio (Colorado) y poco después el río Claro (Negro); encontrando solo indios miserablemente vestidos quienes proporcionaron a los expedicionarios las consabidas indicaciones de que más hacia el sur y junto a la cordillera encontrarían riquezas.


Expedición de Cosme de Cisternas (1619) – Desde Chiloé.

En 1665 el gobernador de Chiloé, Cosme Cisternas, envió algunas piraguas al descubrimiento de los Césares, pero que no hallando nada y faltándoles el mantenimiento, se volvieron, sin que haya llegado a nosotros descripción alguna del viaje, sólo la referencia de Olivares. Carvallo Goyeneche, quien escribió a fines del siglo XVIII, también señala esta expedición, o quizás es otra, cuando afirma, sin dar fecha, que Don Cosme Cisternas Carrillo, gobernador de la provincia de Chiloé, aprovechó aquella pequeña seguridad para hacer nuevos descubrimientos por aquella parte. Descubrió en el archipiélago la isla de Guayquilabquen, situada sobre los cuarenta y siete grados de latitud austral, de grande extensión, con buen puerto y capaz de muchas embarcaciones.


Dower, John (1832) - Paso Césares

Expedición de Jerónimo Luis de Cabrera. (1620 / 1622) – La búsqueda final.

1620


La búsqueda de la mitológica ciudad de los Césares motivó la partida de la imponente expedición al mando de Gerónimo Luis de Cabrera (1620-1621). Siguiendo antiquísimas rastrilladas aborígenes atravesaron el territorio pampeano desde adyacencias del río Cuarto (Arroyo Santa Catalina) hasta alcanzar el río Negro tras pasar por las sierras de Lihuel Calel y cruzar el Colorado; continuando por la margen de este, alcanzarían el Neuquén al que atraviesan, prosiguiendo a orillas del Limay y mas adelante del Arroyo Picun Leufú, hasta alcanzar el valle del Aluminé (Neuquén), luego de trasponer dificultosamente las Sierras de Catan Lil. La mayor parte del territorio comprendido entre los ríos Cuarto y Negro, se hallaban prácticamente despoblados, por entonces. La única etnia mencionada por Cabrera hablaba la lengua Caguané, de lo que se infiere que aún no había presencia mapuche en la región. (…).” Norberto Mollo

 Decidido a encontrar la fabulosa ciudad Cabrera sale en su búsqueda siguiendo rumbo sur. Saliendo en Octubre de 1620 aprovecha las rastrilladas y caminos preexistentes para realizar el siguiente trazado según Norberto Mollo. Córdoba a Río Cuarto. Desde allí cruza la sierra de Comechingones entrando en San Luis y vadeando el Río Quinto por un sitio que comenzó a llamarse Paso de los Césares. Siempre con rumbo sur entra en tierras de La Pampa llegando hasta la sierra de Lihuel Calel y cuando llega al Río Negro tuerce el rumbo hacia la cordillera siguiendo el curso del río. Baja luego por el Limay y ya en tierras del Neuquén finalizará su travesía en los dominios del cacique Cután.

Si observamos el derrotero está en semiplena coincidencia con los relatos de las Ciudades de los Césares que hasta ahora se conocían desde el propio relato de César en tierras de Yungulo, pasando luego por los supuestos sitios donde se emplazaban los poblados de Talán y de Curaca, transitando por Trapalanda o La Sal y concluyendo con el infructuoso encuentro de los césares blancos sobrevivientes de la expedición de Gutierre Vargas de Carvajal de 1539 en una zona dominada por el cacique Cután o Catán supuestamente cercano a Aluminé. 
 La de Cabrera fue sin lugar a dudas la empresa más importante y costosa que se realizó en busca de los Césares.

1622


 Cabrera tenía órdenes de establecer una población cerca de la actual Salta pero se dirige mucho más al sur y en julio de 1573 funda Córdoba.
 Dos meses más tarde parte en una expedición hacia el Este y para esto siguió el curso del Río Tercero y luego el Carcarañá hasta llegar luego al establecimiento conocido como Torre de Gaboto, último vestigio del fuerte Sancti Spíritus. Y así como otros procuró desandar los pasos de César.
 Luego del encuentro con Juan de Garay que bajaba por el Paraná desde Asunción.

 Luego por más de cincuenta años, aparentemente no se volverá a tener noticias de nuevas expediciones y los césares originales habrán migrado mucho más hacia el sur.


Expedición de Diego Flores de León (1621) – Hasta el Nahuel Huapi.

 Flores de León parte de Castro (Chiloé) con 46 soldados y cruza la cordillera por el paso de las Lagunas hasta llegar al Lago Nahuel Huapi.
 Es probable que los españoles que surcaban el gran lago y de los cuales tuvo noticias Jerónimo Luis Cabrera, se tratara de esta expedición y que como característica distintiva se cuenta que llevaba a una mujer disfrazada de soldado. 


Expedición de Dionisio de Rueda (1640) – Son españoles y están cerca del Estrecho.

El entonces gobernador de Chiloé envía otra expedición hacia el sur de Chile y de la que forma parte el misionero jesuita Jerónimo de Montemayor. Si bien no encuentran evidencias con respecto a los Césares si escuchan a los fueguinos hablar de unos indios a los que llaman viracochas. 

Y aviendo hecho las diligencias por mar y por tierra, cogieron un indio barbado, desnudo, alto de cuerpo y tan pequeño de animo, que quando le examinaban todo era temores y contradicciones en sus dichos: sosegáronle sus recelos, asegurárosle que no le querian hazer mal ninguno, sino saber dél donde estaban sitiados unos españoles que tenian noticia habitaban por aquellas partes del Estrecho, a que respondia unas vezes que por ay estaban los Viracochas, que assi llaman a los Españoles en aquellas partes, tomando de los Indios del Perú el nombre que dieron a los Españoles, llamándolos Viracochas con el nombre de su Dios Viracocha, y otras vezes dezia que ya eran muertos, sin dar razon donde ni donde no. Y encontrando con una India, les dixo que los Españoles que avian visto eran mas blancos y rubios que ellos. Y otra, que los Viracochas que ellos conocian eran los de la tierra de aquel indio. Que como el y los de su tierra eran barbados, por lo que se parecian a los Españoles, los llamaban con el nombre que a los Españoles: Viracochas.
Con tan poca luz y deseosos de mayor claridad, se arresgó parte de la gente a saltar en tierra en la Provincia de los Gabiotas, donde dezian que avia hombres blancos y con barbas, y aviendo encontrado con un rancho lleno de indios desnudos algo blancos y barbados, se alborotaron de suerte que, poniéndose en defensa con macanas, piedras y palos, pelearon con los nuestros con gran denuedo, y como los cogian desnudos les daban cuchilladas y estocadas sin resistencia, corriendo arroyos de sangre de sus cuerpos: mataron algunos y quedaron otros heridos, y tubieron por buen partido retirarse sin perdida, aunque bien descalabrados, y sin lengua ni noticia de los Españoles que buscaban, porque la lengua de los Gabiotas no la entendian y su hablar es dar grandissimos y descompasados gritos, que por ellos les pussieron el nombre de Gabiotas, por parecerse en los gritos descompasados a aquellas aves.” [22]


Los viajes del Padre Nicolás Mascardi. (1669 / 1673)

 Hacia 1669 Nicolás Mascardi era el superior del Colegio Jesuita de Castro, en la isla de Chiloé cuando son llevados hasta allí en calidad de prisioneros un grupo de caciques de la zona del Lago Nahuel Huapi. Luego de varias negociaciones con las autoridades logra que sean liberados y se ofrece a acompañarlos en su viaje de vuelta.
 El camino seleccionado: hacia el Sur, paralelo 46º bordeando el lado Este de la Cordillera, pasando finalmente al territorio de los chonos (Chiloé). Porque en esa área estaría, La Ciudad Encantada. Se basaba, para este itinerario, en los informes recibidos por los indios y en su propia experiencia de las tres expediciones anteriores.
 Llegando al destino establece una misión a orillas del lago donde se estableció durante cuatro años dedicado a la tarea de misionar. A su vez recorre los terrenos inmediatos y un poco más alejados en busca de rastros de la leyenda. Se cuenta que escribía cartas en varios idiomas a las que encabezaba: “A los señores españoles establecidos al sur del Lago Nahuel Huapi” [23]

 Mascardi, conocedor de la leyenda de los Césares del Estrecho realiza tres viajes en su búsqueda y aunque no se precisan los sitios se presume que en el primero llega hasta el actual lago Musters aunque hay quien supone que llega hasta el Río Santa Cruz.

 Su último viaje lo emprende en 1673 donde es muerto en las cercanías de un lago impreciso en las inmediaciones del nacimiento del Río Deseado según G.Furlong.

... se cuenta que en la primavera de 1670, el famoso padre Mascardi, después de haber luchado en defensa de los indios puelches (...) se encontró entre un montón de indios liberados por él con una joven india. Por su hermosura los puelches le llamaban “La reina del Lago” [24] y era la mujer de un bravo cacique patagón que con una fuerte tribu dominaba las islas y las orillas del lago Nahuel Huapi. La india como agradecimiento al padre Mascardi por haberla liberado prometió revelarle el camino que lleva a la famosa Ciudad de los Césares. El padre Mascardi confiado en la promesa remontó en canoa ríos y esteros, e hizo centenares de leguas a pie con la guía de la india. Llegó a la orilla del lago y fundó una misión, en 1670. De allí se internó en la selva en busca de la famosa ciudad. Pero cuanto más se internaba más se aleaban sus esperanzas de hallarla. Hasta que, desalentado acusó a la india de haberlo engañado. Esta se disculpó, pero el padre Mascardi continuó su búsqueda durante dos años más, hasta que ante tantas peripecias fue muerto por los indios.
Desde entonces, los pobladores indígenas aseguran ver flotar sobre las aguas claras del gran lago Nahuel Huapi la sombra del padre Mascardi, mientras el alma de la india, de “La reina del lago”, entona su engañoso canto de sirena.[25]

Los apuntes del jesuita Nicolo Mascardi fueron usados por el padre Diego Rosales, superior de la Orden entonces, y autor de la “Historia del reino de Chile”, para escribir su biografía: “Vida de Mascardi”. En su obra “Mundus Subterraneus” el religioso Atanasio Kircher basa varias páginas en datos que obtuvo Mascardi y que se refieren a la altura de los Andes, los ríos y los lagos, los estrechos, desiertos, volcanes y mareas. Guillaume de L'Isle usó más tarde esta misma información para realizar los “Mapas del Paraguay, de Chile y del Estrecho de Magallanes”, publicados en 1708.


Los viajes de Bartolomé Gallardo y Antonio de Vea (1674 / 1676) – Explorando en las tierras australes.

Sin dudas los relatos de los náufragos de Gutierre Vargas de Carvajal encendían la imaginación de los marinos de Chile por lo que parten expediciones que además de reconocer más detalladamente el territorio de los canales buscaban sobrevivientes y ciudades de ensueño.


Diario de Silvestre de Roxas. (1707) – La nueva incógnita.

Silvestre Antonio Díaz de Rojas presenta a la corte en Madrid un Derrotero camino cierto y verdadero desde la ciudad de Trinidad, puerto de Buenos Aires, hasta la ciudad de los españoles que vulgarmente llaman la Ciudad Encantada, acompañado de una Descripción de la Ciudad de los Españoles.

El relato del viajero Derrotero de un viaje desde Buenos Aires a los Césares, por el Tandil y el Volcán, rumbo de sudoeste, comunicado a la corte de Madrid, en 1707, por Silvestre Antonio de Roxas, que vivió muchos años entre los indios Pegüenches no arroja más que confusión al destino de los Césares ya que a esta altura de la búsqueda el convencimiento general era que se trataba de españoles sobrevivientes de un naufragio en el Estrecho.

De Roxas parte de Buenos Aires y se dirige hacia el sur llegando a Guaminí. Desde allí pone rumbo hacia el poniente y llega a la actual provincia de Mendoza donde se encuentra al pié del Cerro Payén, [Payún] encontrándose luego en territorio puelche.


En la tierra de estos Puelches hay un río hondo y grande, que tiene lavadero de oro.
Caminando otras cuatro leguas hay un río llamado de Azufre, porque sale de un cerro o volcán, y contiene azufre.
Por el mismo rumbo, a las treinta leguas, se halla un río muy grande y manso, que sale a un valle muy espacioso y alegre, en que habitan los indios Césares. Son muy corpulentos, y estos son los verdaderos Césares.
Es gente mansa y pacífica; usa flechas, o arpones grandes, y hondas, que disparan con mucha violencia: hay en su tierra muchedumbre de guanacos que cazan para comer.
Tienen muchos metales de plata, y solo usan del plomo romo, por lo suave y fácil de fundir. En dicho valle hay un cerro que tiene mucha piedra imán.
Desde dicho valle, costeando el río, a las seis leguas se llega a un, pontezuelo, a donde vienen los Césares españoles que habitan de la otra banda, con sus embarcaciones pequeñas (por no tener otras), a comerciar con los indios. Tres leguas más abajo está el paso, por donde se vadea el río a caballo en tiempo de cuaresma, que lo demás del año viene muy crecido.
En la otra banda de este río grande está la ciudad de los Césares españoles, en un llano poblado, más a lo largo que al cuadro, al modo de la planta de Buenos Aires. Tiene hermosos edificios de templos, y casas de piedra labrada y bien techadas al modo de España: en las más de ellas tienen indios para su servicio y de sus haciendas. Los indios son cristianos, que han sido reducidos por los dichos españoles. A las partes del norte y poniente, tienen la Cordillera Nevada, donde trabajan muchos minerales de oro y plata, y también cobre: por el sud-oeste y poniente, hacia la Cordillera, sus campos, con estancias de muchos ganados mayores y menores, y muchas chácaras, donde recogen con abundancia granos y hortalizas; adornadas de cedros, álamos, naranjos, robles y palmas, con muchedumbre de frutas muy sabrosas. Carecen de vino y aceite, porque no han tenido plantas para viñas y olivares. A la parte de sur, como a dos leguas está la mar, que los proveen de pescado y marisco. El temperamento es el mejor de todas las Indias; tan sano y fresco, que la gente muere de pura vejez. No se conocen allí las más de las enfermedades que hay en otras partes; solo faltan españoles para poblar y desentrañar tanta riqueza. Nadie debe creer exageración lo que se refiere, por ser la pura verdad, como que lo anduve y toqué con mis manos.
(Firmado.) Silvestre Antonio de Roxas.”

Durante años ha existido gran controversia con respecto a la veracidad del documento aportado por Roxas al Rey. Por una parte Silvestre de Roxas verdaderamente existió y que con un dinero heredado se apertrechó de armas e insumos para emprender la campaña.


Expediciones hacia los canales.

Con el convencimiento que los Césares eran los de Argüello partieron durante los siguientes años las expediciones de el Padre J. García (1871), Juan Ladrillero (1880), Bartolomé Gallardo (1886), Cosme Ugarte (1889) y por último la de Francisco Machado (1889) al Estrecho de Magallanes.

Hacia 1900 ya no hubo más viajes ni Césares.



Otras leyendas vinculadas

El Cacique Foyel 

 Foyel fue un poderoso cacique que vivía, hacia 1850, al sur del lago Nahuel Huapi e integraba el Consejo de Sayhuequé. Luego de varias batallas en defensa de su territorio se presenta en 1885 en el fuerte de Junín de los Andes donde firma su rendición incondicional y posteriormente una alianza con el gobierno de Buenos Aires. Es trasladado junto al cacique Inkayal y sus familias a la isla Martín García en calidad de prisionero. El científico argentino Francisco P. Moreno hace que Inkayal y Foyel sean trasladados a vivir en el museo. Foyel le pide a Moreno volver a sus tierras. La leyenda alrededor de Foyel dice que antes de morir oculta un invaluable tesoro en, presumiblemente, el Cerro Fortaleza y que estas riquezas fueron tomadas de la extinta Ciudad de los Césares.

 

/ Cerro Payén [26] o Payún [27] / Provincia de Mendoza.

Varios puesteros de los más viejos me han contado que en el Payén se ve una ciudá que se levanta al atardecer en el medio de las sierras. Dice que se ve como una niebla. Cuando se está entrando el sol, cuando se está hundiendo entre los cerros de oyen las campanas que llaman a la oración. Muchos la han visto y la ven hasta el presente.
Dicen que llegó una vez un barco a un punto de la costa de Chile, de hombres rubios, y que se hundió. Estos hombres se bajaron, caminaron hasta el lado argentino y fundaron esa ciudá que ha quedao como encantada. Parece que está ahí como un milagro de Dios, pero que no tiene la vida que tienen otros pueblos. El lugar es un páramo, pero la ciudá parece muy hermosa.
Y a esa ciudá misteriosa que aparece y desaparece la llaman la Ciudá de los Césares. Así me habían dicho algunos narradores.” / Fuente. Francisco Fernández Quintana. [28]


/ Sierra de Lihuel Calel [Lihué Calel  / Inhué Calel] [29] / Provincia de La Pampa.

De acuerdo a las verificaciones hechas por él mismo, E. Zeballos daba por cierto en la última obra [Viaje al país de los Araucanos] que había existido una antigua población situada en los valles de Lihuel Calel, que se extiende no lejos de las lagunas en que desaparece sumergido el Río Chadileuvú o Salado. En uno de esos valles había podido comprobar, según dice, vestigios de plantaciones de duraznos que probaban que en aquel lugar se levantó una población. Esta habría sido la que originó la tan mentada leyenda de la ciudad de los Césares.” [30]



/ Cordillera de los Andes / Provincia de Neuquén 

Cuando corre el viento juerte, el viento puelcho que é muy juerte hace cuenta que viene arriando una propilla de caballo, eso se oye. Muchos paisano oyen. Eso é de un encanto, de una ciudá que ´ta perdida.
Dicen así, que hay una ciudá perdida, cuanto año hace ya que está perdida. Eso é en la cordillera, en el medio. Se ven gente, pero aparece distinto a la gente de agora, agarrau la cabeza, a vece como escleto. Eso ha visto mucho. Ante dice que ha pasau má cosa.
Dice que andaba mujere juntando piñone. Y han dejau piñone. Montón de piñone. Y han vuelto. Despué piñone no aparece má. Y han dicho;
- Se vamo a retirá de acá. Acá se vamo a quedá sin piñone. Acá hay un misterio. No quiere que juntemo piñone.
Se jueron má retirau. A la tardecita chiflaba otra vez. Da pena oír el chiflido, da miedo.
- ¿Oyí el chiflo? - han dicho - ¿Será perdido. É chifido de esa gente que ´ta áhi?
Da pena sentir el chiflo de esa gente. Y ya se está oscureciendo, y ése é momento de hablar persona, pero ella no entendía. Ella, la gente que andaba la han hablado a lo otro, a lo que salen áhi. Hablaron idioma paisano y lo otro no entendían. Y han tenido miedo la mujere y se han callado. Y entonce ella oyían esa gente. Como pueblo, era.
Conversaban áhi gente. Relinchaban mulare. Arriaban tropilla y dicen;  yegua!,  yegua!. Se oye el cencerro. Cantaba gallo. Se oyían perro. Y la gente habla y habla...
Eso debe ser un pueblo que ´ta áhi. De día, tranquilo, no se oye nada. Oscurecido, ya era el mismo. Se oyía voz, y canto y chiflo. No sirve arrimarse áhi. Pa un peligro no má sirve. La otra gente puede hacer gran mal.
La mujere se jueron y perdieron lo piñone. A otra parte de la cordillera han ido a juntar. Áhi había mucho. Esa gente era dueña, no sé, pero podía ser eso, por eso asustaban, que se jueran.
Ese cuento contó también un viejo paisano, apena lo acordo yo, Manuel, pero el apellido Cayuler. Muy raro que tiene ese nombre íntegro cristiano, lo viejo. É Cayulef nombre paisano. Manuel Cayulef ha dicho que ése é pueblo perdido áhi, viejo, viejo, con gente mucha, que ´ta perdida áhi, que no puede salir hasta el fin del mundo. Dice que habla castilla, que no habla paisano esa gente de la Cordillera.” / Fuente. Gervasio Paila Kura.[31]

Musters nos cuenta en su relato de la Patagonia, que los indios creen plenamente en la existencia de una tribu desconocida, o de una ciudad encantada o privada, lo que afirman supersticiosamente, se encuentra en algún lugar de las profundidades de esta montaña.
 Más al norte, los indios araucanos profesan haber descubierto en sus proximidades un poblado de gente blanca que hablaban una lengua desconocida. Numerosas leyendas e historias son corrientes entre los patagones, quienes contemplan con asombro y distante superstición las laderas boscosas cuyas sombras nunca intentan penetrar.” [32]


/ Cordillera de los Andes / Provincia de Río Negro

Un comerciante que viajaba con frecuencia por la Patagonia, refirió, al regresar de uno de sus viajes, algo extraordinario que le había ocurrido. Dice que un día viajaba por la precordillera, por el único camino que hay por la región oeste de Río Negro. Iba muy cansado. Se apartó del camino y armó su campamento, en medio de las montañas de la Cordillera. Vio entonces que aparecían a la distancia personas desconocidas, muy distintas a las que viven en la región. Siguió a esas personas, por curiosidad, y vio que entraban en una gran ciudad, rodeada por una muralla. Las dificultades del terreno y el temor que sintió en esas soledades le impidieron acercarse a la ciudad. Después de un tiempo volvió al lugar y trató de llegar nuevamente a la ciudad misteriosa, pero no pudo dar con el camino que encontró aquel día. Se trata, sin duda, según asegura el informante, de un pueblo encantado de la Cordillera, del cual otras personas han dado noticias también. Decía que algunos paisanos le han asegurado que ellos ven siempre ese pueblo misterioso cuando pasan por esos lugares.” / Fuente. Osvaldo Luís Rezzani. [33]



/ Cerro Tronador [Anon [34] / Amun Kar [35] / Lolol Mahuida / Tranjkañ Kalel] / Provincia de Río Negro. 

Anon llamaban los indios a este cerro, nombre que significa quirquincho ó armadillo en lengua tehuelche; siendo tradición que cada vez que pasa un viajero, el cerro lo saluda con un trueno; de modo que hace las veces de vigía del Nahuel Huapi, anunciando a los indios de la otra banda la venida de gente. La gente de Mascardi, no menos supersticiosa que los indios, alarmada por aquellos ruidos, llamaron al gigante tehuelche el Tronador, y lo que era estrépito de lurtes o derrumbes de ventisqueros, lo atribuyeron á obra del demonio ó pelotones de nieve que tiraban los Césares. Sin embargo, la reina Huenguelé decía que éstos estaban más lejos y señalaba al sur. (...).” [36]    



/ Colonia San Martín [Paraje Henno] / Provincia de Chubut 

Un día, mientras estábamos cazando, nos sobrecogió un fuerte estampido que parecía un cañonazo, y miramos hacia el oeste, vimos una nube de humo negro suspendida sobre los picos de la cordillera. Mi compañero Jackechan me contó que, en otras visitas anteriores a ese lugar, los indios habían observado columnas de humo análogos en la misma dirección. Una vez, muy convencidos que el fenómeno era obra del hombre, salió una partida con el propósito de entrar en las selvas y llegar a las viviendas de los desconocidos residentes indicados, según creían, por el humo. Recorrieron cierta distancia por el interior de los bosques de las montañas pero las grandes dificultades de la travesía los obligaron al fin a abandonar su empresa y volver sobre sus pasos. Naturalmente, es muy probable que tanto la explosión como el humo procedieran de algún volcán ignorado en actividad, pero los indios creen firmemente en la existencia de una tribu desconocida o de una ciudad encantada u oculta. (...) Es difícil transmitir la impresión de espacio misterioso y de viviendas indescubribles que causan al espectador las vastas soledades de las montañas y selvas de la cordillera. Los inexplicables ruidos de rocas que crujen, ó las explosiones de volcanes desconocidos, y los rumores más extraños aun que parecen campanas y voces, todo sugiere á los naturales ignorantes y supersticiosos la confirmación de las extrañas historias detalladas... (...).” [37]



/ Lago Los Palos / Provincia de Chubut 

“Dicen en el lugar que la Ciudad de los Césares quedó enterrada en el valle en donde estaba asentada, por un terremoto y que después se formó allí el lago de Los Palos. En el fondo del lago se ven enormes árboles que han quedado bajo el agua por un movimiento de tierra que obstruyó la salida natural de las aguas, La gente cree ver casas y torres de iglesias. Algunos dicen que han visto la ciudad desaparecida, en diversas oportunidades, cuando andan de viaje, pero que no todos pueden verla. (...).” / Fuente. Raúl Lahite [38]



/ Lago Buenos Aires / Provincia de Santa Cruz 

Oviedo [39] [Pedro de] en su declaración dijo que “estaban los españoles del Obispo de Plascencia en la parcialidad de los indios donde se emparentaron y que son siete poblaciones en la orilla de un lago que está en la altura de cuarenta y siete grados y medio.”
El único lago en latitud indicada del grado 47 ½ es el lago Cochrane, que tiene forma alargada. Un grado más al norte se encuentra el lago Buenos Aires, más grande y más accesible. Este último lago fué en todo tiempo un punto de reunión de las tribus nómades de la Patagonia, la tierra sagrada y lugar de sepultura de muchas de ellas. Es posible que éste sea el gran lago en cuyas orillas se hallaban las tolderías de los indios y donde establecieron su morada los españoles náufragos.[40] 



/ Estrecho de Magallanes / Provincia de Santa Cruz 

Un corregidor del Perú, llamado Quiros ó Quiroga, cuenta en suma en su relación, que siendo de diez años, estando en Amberes, se embarcó en un navío, y que caminando por las costas de Magallanes, mucho antes del Estrecho, y metiéndose con la lancha por un riacho, saltando á tierra, dieron con é1, el piloto, y todos los de la lancha, unos hombres que los llevaron por tierra, y que llegaron á una gran laguna; que alli los metieron en una embarcación, y aportaron á una isla en medio de ella, en donde había una gran ciudad é iglesia, donde estuvieron tres días; que no entendían la lengua; y que al partir les dieron dos cajoncitos de perlas, que se cogian en aquella laguna.”  [41]




[1] Carlos I de Austria o Habsburgo (1500 – 1558) reinó junto con su madre, Juana I de Castilla, sobre todos los reinos y territorios de España entre 1516 y 1556. Unió en su persona las coronas de Castilla y Aragón.
Luego, como Carlos V, fue Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y fue llamado el César, el César Carlos, Su Majestad Cesárea, el Viajero o el Ausente.
[2] Outes, Félix / El primer establecimiento español en el territorio argentino. En Anales de la Sociedad Científica Argentina. Tomo LIV. Imp. Coni hnos. Buenos Aires. (1902)
[3] Medina, José Toribio / El veneciano Sebastián Caboto al servicio de España. Tomo II. Imprenta y Encuadernación Universitaria. Santiago de Chile. (1908)
[4] Montes, Aníbal / La Noticia de César y el misterio del cacique Yungulo. (1952). Esta cita es solo referencial ya que por esos años aún no había llegado Pizarro al Perú ni Almagro a Chile.
[5] Latcham, Ricardo E. / La leyenda de los Césares. Su origen y su evolución. Imprenta Cervantes. Santiago de Chile. (1929)
[6] Latcham, Ricardo E. / La leyenda de los Césares. Su origen y su evolución. Op. Cit.
[7] Serra Gonzáles, E. / Fantasías, leyendas, verdades y mitos de la Villa de Merlo (San Luis). S / D. Bs. As. (1997).
[8] Blas Ponce era un antiguo poblador de Tucumán y muy rico debido a las encomiendas. Ayudó económicamente a Ramírez de Velasco para la fundación de La Rioja.
[9] Si bien ya se dijo que no resulta verosímil que Almagro entrara por Santiago del Estero a menos que hubiera tenido, como dicen algunos cronistas, en Perú noticias de la entrada de Francisco de César. Latchman dice: “En el Perú estas noticias eran muy corrientes antes descubrimiento de Chile y tanto Almagro como Valdivia tuvieron conocimiento de los rumores acerca de los Césares.”
[10] Latcham, Ricardo E. / La leyenda de los Césares. Su origen y su evolución. Op. Cit.
[11] Latcham, Ricardo E. / La leyenda de los Césares. Su origen y su evolución. Op. Cit.
[12] Estellé, Patricio y Couyoudmdjian, Ricardo / La ciudad de los Césares. Origen y evolución de una leyenda. HISTORIA Nº7. Santiago de Chile. (1968)
[13] Latcham, Ricardo E. / La leyenda de los Césares. Su origen y su evolución. Op. Cit.
[14] Medina, José T. / Colección de documentos inéditos para la historia de Chile. Vol. 16. Santiago de Chile. (1888)
[15] Montes, Aníbal / La Noticia de César y el misterio del cacique Yungulo. (1952).
[16] Montes, Aníbal / La Noticia de César y el misterio del cacique Yungulo. (1952).
[17] Martinez Sierra, R / El mapa de las pampas. Ministerio del Interior. Buenos Aires. (1975)
[18] De Gandia, Enrique / Historia crítica de los mitos de la conquista americana. J.Roldán y Cía. Buenos Aires. (1929)
[19] Medina, José. T. / Colección de documentos inéditos para la historia de Chile. Vol. 26. Santiago de Chile. (1901)
[20] Medina, J. T. / Colección de documentos inéditos para la historia de Chile. Op. Cit.
[21] Bayo, Ciro / Los césares de la Patagonia. Madrid. (1913)
[22] De Rosales, Diego / Historia General del Reyno de Chile. Imp. El Mercurio. Valparaíso. (1877)
[23] Latcham, Ricardo E. / La leyenda de los Césares. Su origen y su evolución. Op. Cit.
[24] “... entre las cuales se cautivó una india novilisima, que llamaban la Reina, [Huenguelé] ... por ser la mujer de un cacique principal, ... que vivía en los confines del Estrecho de Magallanes. (...) La Reina sumamente agradecida a Mascardi, le dio noticias de la Ciudad de los Césares i le prometió “de facilitarle el camino para ir alla. (...) Para probar que deseaban siempre servirle le trajeron dos indios que habian estado en la ciudad de los españoles. Ellos le dieron algunas noticias mal definidas sobre su jefe, que llaman Guinca (en araucano español), la ciudad y sus productos. En cuanto a1 camino, decían, que seguía por la orilla del rio que sale del lago Nahuelhuapi hasta salir a la mar brava, i desde alli van caminando otras cien leguas hasta llegar a la vista de la isla en que viven. Podemos figurarnos, segun eso, que la isla fuera la Tierra del Fuego.” En Fock, Francisco / Viajes de Fray Francisco Menéndez al Nahuel Huapi. Imprenta Guillet. Chile. (1900).
[25] Villafuerte, Carlos. / Leyendas de nuestra tierra. Ed. Corregidor. Bs. As. (1991).
[26] Payén / en voz pehuenche; (Según Olascoaga) Donde existe cobre.
[27] Payún / en voz mapuche; Barba en forma de pera. Aparentemente esta voz es la designación antigua del lugar, o sea la que le daban los pehuenches. La aplicación de la palabra Barba se debe a un paradero o paraje próximo al cerro donde era un puesto de crianza de ganado menos, caprinos. De allí Payún Matru, que en voz pehuenche significa Barba de Chivato similar a la forma del Cerro Payén. En Maza, J. / Toponimia, tradiciones y leyendas mendocinas. Op. Cit.
[28] Vidal de Batini, Berta. / Cuentos y Leyendas populares de la Argentina. Ediciones Culturales Argentinas. Bs. As. (1976).
[29] Lihué Calel / en voz mapuche; Sierras de la vida o De los cuerpos vivos. También; Cuerpo que reverbera. Sierra de la tripa gorda. “Aunque se tiene por araucano, no es del todo seguro que lo sea. Dicen algunos que Lihue tiene relación con los minerales existentes en las proximidades… (…). Otros afirman que Ihué tiene que ver con el verbo comer. En cuanto a Calel se interpreta como cuerpo, bulto.” En A.A.V.V. / Diccionario Geográfico de las Gobernaciones Nacionales. Op. Cit.
[30] Zeballos, Estanislao. / Viaje al país de los araucanos. Ed. Solar. Bs. As (1994).
[31] Vidal de Batini, B. / Cuentos y Leyendas populares de la Argentina. Op. Cit.
[32] Dixie, Florence / Across Patagonia. Richard Bentley & Son. Londres. (1880)
[33] Vidal de Batini, B. / Cuentos y Leyendas populares de la Argentina. Op. Cit.
[34] Anon / en voz tehuelche; Quirquincho. Otros autores lo llaman en voz mapuche “Tranjkañ Kalel”
[35] Amun kar / “El nombre mapuche que registra el jesuita Miguel de Olivares en el Siglo XVIII es amon, “avanzar”. La forma amunkar derivaría de amon, pero sobre kar en ese contexto no se encontró ninguna explicación lingüística satisfactoria.”
[36] Bayo, Ciro / Los Césares de la Patagonia. Op. Cit.
[37] Musters, George. / Vida entre los patagones. Ed. Solar. Bs. As. (1991).
[38] Vidal de Batini, B. / Cuentos y Leyendas populares de la Argentina. Op. Cit.
[39] Medina, J. T. / Documentos Inéditos para la historia de Chile. Relación que dio Pedro de Obiedo, natural del condado de Nieva y Antonio de Cobos, carpintero de la ribera, personas que venían en los dos navíos del Obispo de Plasencia. Memoria firmada de sus nombres que dejaron a1 licenciado Julián Gutiérrez de Altamirano.
[40] Latcham, R. / La leyenda de los Césares. Op. Cit.
[41] Cardiel, José. En De Angelis, Pedro / Colección de obras y documentos relativos a la Historia antigua y moderna de las Provincias del Río de la Plata. Imprenta del Estado. Bs. As. (1836).

2 comentarios:

  1. Intrensatísimos relatos y mapas. Pero lamentablemente, la letra es muy pequeña y cuesta leer. Felicitaciones.

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  2. Marcela
    La extensión del trabajo hizo que me decidiera por ese tamaño de letra. Para la próxima publicación enmendaré la falta.

    Gracias por el comentario

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